Mostrando entradas con la etiqueta locura ordinaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta locura ordinaria. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de julio de 2007

Locura Ordinaria

Cesto

Todo cabe en tu boca
;no la concavidad de la mentira
Yo puse diez manzanas podridas en tu vientre

pero tú sonreíste.
Todo cabe
sobre el sueño de mimbre que te forma:
munífica figura con que aceptas mi carga.

José Manuel Díez

martes, 3 de julio de 2007

Aguien debe cantar a la ciruela

Ciruela, yo no canto la hermosura en tu nombre;
tampoco en tu sabor de duro engendro
.Ni siquiera la fuerza que al ciruelo te ensambla
con la belleza abstracta de lo simple.
Lo que canto, Ciruela, -o quisiera cantar-

es el hondo silencio con el que tú te pudres
sobre el grito del campo;
el gesto decidido por el que al fin te estrellas
contra la tierra, sola.
Cuyando ya ni los pájaros,
que punzaron las uvas y las moras y el higo,

de tu entrega se endulzan.
Lo que quiero cantar es tu triste destino.
Ciruela, drupa esférica de encanto imperturbable,

tú, que nacer debiste para el beso
y no para el olvido,
fruto humilde,
alguien debe cantarte.

Jose Manuel Diez

martes, 19 de junio de 2007

Locura oridinaria




















No todo fue esperanza,
también la realidad nos puso límites
fronterizos al miedo.
Y las manos temblaron a la vez
que trazamos las líneas de los versos.


Detrás de la sonrisa, el resquemor
de la sonrisa muerta para el muerto.
Detrás de las palabras, las palabras
venidas del silencio hasta el silencio.

José Manuel Díez

martes, 12 de junio de 2007

Locura ordinaria


Sanchificación de Quijano
Ay Sancho, si tu vieras
morirse la locura aquí en mi frente,
restaurarse la luz en mis sentidos,
retroceder las sombras
a su obnubilación para mis sesos.
Si tú pudieras, Sancho,
nacer así de vuelta a la tragedia
que la tristeza impone a lo imposible
que la desolación goza en nosotros,
que la realidad, vacua, nos otorga,
tal vez si me creerías
-me quisieras creer- cuando te digo
que logré ver gigantes donde solo hay molinos
José Manuel Diez